A veces pienso que algunas personas no estamos destinadas a ser felices y que, por mucho que lo intentemos, es algo que jamás podremos tener.
Es extraño de explicar, como si existiese un máquina en el interior de cada uno y que, si una de esas personas empieza a sentirse bien durante un tiempo, se enciende una alarma en su máquina que indica que hay un error. Pero tranquilos, la máquina siempre lo arregla.
Sin embargo, pensar así conlleva creer en cosas que no creo, como Dios o el destino; así que, una vez más, debo asumir lo que a tantos y tantas religosos les da miedo: dependemos de nosotros mismos y, aunque los responsables de nuestras dichas y desdichas no seamos siempre nosotros, sí es nuestra responsabilidad decidir cuánto nos afectan las cosas.
Es difícil aceptar que si te pasa algo malo eres tú quien ha de solucionarlo y supongo y espero que yo algún día también seré capaz de controlar mi propia vida y empezar a luchar un poquito por mí.
Nadie está destinado a ser feliz, ni a no serlo, simplemente porque la felicidad no existe como continuo. Nos intentan hacer creer que la felicidad tiene que ser nuestra meta en la vida (y que para alcanzarla hay que seguir unos cánones y respetar unos valores bastante establecidos y bastante cuestionables también, pero bueno, ahí mejor no entrar...)
ResponderEliminarComo yo la entiendo, la vida es un flujo de sensaciones, sentimientos y emociones, y por supesto que hay momentos de felicidad, pero son eso, instantes que se basan en la efimeridad y no en la eternidad. Así que hay que intentar que sean los máximos posibles y disfrutarlos cuando llegan, pero también hay que saber aceptar todas las demás emociones como parte de nosotros.
Y hasta aquí mi chapa filosófica. Me marcho como he venido, pero te mando un beso, a ver si te pone felis aunque sea un ratito chiquito :*