Sigo siendo igual de estúpida que a los catorce años por emocionarme leyendo las cosas que escribí entonces, aunque las haya leído quinientas veces. Qué optimista era ya entonces:
«Tener catorce años actualmente es una mierda. O una maravilla, depende de la perspectiva.
Nacimos en una sociedad en la que todo parece estar hecho, donde nos pretenden enseñar unos ideales contradictorios y donde se habla de una libertad lograda. Nos dejamos manipular y controlar y vivimos persiguiendo metas vacías; una falsa felicidad.
Y lo peor de todo es, sin duda, que muchas veces lo sabemos.
Sin embargo, a esa edad preguntamos. O lo que es más importante, nos preguntamos. Sabemos y a la vez ignoramos. Queremos conocer el mundo, tenemos curiosidad por saber cuáles son nuestros límites y miedo a encontrarlos. Somos, en cierto modo, reflejo de esta sociedad contradictoria en la que crecemos.
Poco a poco logramos identificarnos y estamos empezando a conocernos. Tenemos dudas, pero mucho tiempo para resolverlas. Y mientras tengamos tiempo podemos seguir luchando. Y aún más, podemos seguir soñando».