sábado, 25 de octubre de 2014

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Hasta hace poco mi entorno, siempre contradictorio, se había basado siempre en una dualidad de la libertad y "la libertad".
Sin embargo, de todas las cosas que han pasado en mi vida, posiblemente la que más me ha confundido ha sido mi sexualidad.

Por un lado, y aunque yo nunca me haya reprimido ni sentido rara por sentirme atraída por mujeres (a pesar del odio de la sociedad y en especial de mis compañeras/os del colegio hacia lo que se salía de la "normalidad"), es difícil entenderte cuando no puedes definirte en una sociedad en la que todo necesita un nombre. 
Había descubierto que me sentía atraída por mujeres pero no dejaban de atraerme los hombres, lo que, la verdad, me confundía aún más... Ahora lo veo obvio, claro, era (y soy) bisexual, pero en ese momento no pensaba en la bisexualidad como una sexualidad en sí, sino como un paso intermedio entre la heterosexualidad y la homosexualidad; todas/os sabemos qué es ser homosexual y qué es ser heterosexual, pero nadie nos explica en qué consiste ser bisexual. Si bien sí sabemos que la base es sentirse atraída/o tanto por mujeres como por hombres, pensamos que se trata de una sexualidad "estática" cuando, por lo menos en mi caso, no es así. Esto quiere decir que no siempre te sientes atraída/o en la misma cantidad por las mujeres o por los hombres, sino que se va alternando el interés entre uno y otro, de modo que durante un tiempo quizá te sientes más atraído/a por las mujeres (sin dejar de sentirte atraída/a por hombres) y al cabo de un tiempo, te sientes más atraída/o por los hombres. Cuando no sabes ésto, como fue mi caso, te armas un lío, pues cuando ya estás casi segura/o de que eres lesbiana/gay, te empiezan a gustar las personas del otro género en mayor medida y vuelves a estar tan perdida/o como antes.

A todo este caos mental se suman las reacciones de la sociedad hacia la bisexualidad. Ya de por sí, sentirme atraída por mujeres suponía un rechazo por gran parte de la gente que entonces conocía. Pero a este rechazo se le suma el de otras personas "no homófobas" que consideran que la bisexualidad es "vicio" y el de otras que la consideran homosexualidad reprimida. Estas últimas, precisamente, son las que más daño terminan haciéndote.

Ahora que ya han pasado muchos años y he aprendido a ignorar a la gente irrespetuosa e intolerante, a quererme y a no quedarme callada, me gustaría volver atrás a aquellas ocasiones en las que alguien me negara la existencia de mi propia sexualidad o me mirase como un bicho raro y decirle que sí, soy bisexual y demostrarle que lo que estaba diciendo era absurdo y/o estúpido... pero lo cierto es que también he aprendido que no necesito demostrar nada a nadie para ser feliz con mi sexualidad.